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Lú y Bú
04/08/2026
Gergana Svetoslavova Ivanova
Capítulo 1. Una buena, pero malísima noticia
Lú estaba aún en la cama cuando escuchó el potente motor de un coche que se acercaba al edificio. Enseguida supo que no era la furgoneta del panadero que apenas andaba, que se oía fatigada y ronca. Entonces, podría ser una nueva familia que llegaba a buscar huérfanos para adoptar.
Lú se subió a la litera de su hermano y le despertó al tirarle del brazo.
– ¡Bú, levanta, creo que ha llegado una familia!
Unos cuantos huérfanos ya estaban pegados a la ventana y cuchicheaban ilusionados, otros despertaban a los demás.
Lú volvió su mirada hacia su hermano que le apretaba la mano.
Temblaba.
Ella se estremeció:
– ¡Bú, no quiero ni verlos! ¿Y si vienen a por alguno de los dos? ¡No puedo separarme de ti otra vez!
Al poco rato, los huérfanos escucharon los pasos de la señorita Lidia subiendo la escalera. Apareció sonriente, sin aliento, y anunció:
– ¡Tengo una buenísima noticia para Lú y Bú! ¿Estáis despiertos? ¡Por fin ha llegado una familia que os quiere adoptar a los dos! Están abajo, quieren conoceros.
¡Increíble! ¡Alguien quería adoptarlos a los dos juntos!
Cuando eran bebés, los encontraron llorando en una noche de tormenta y ventisca, envueltos en una manta de lana, en la que alguien había bordado las letras L. y B. Era la única pista que había dejado su familia al abandonarlos- no había ni ropa, ni pañales, ni una nota…
L y B. Debían de ser sus iniciales. Desde entonces todos los llamaban Lú y Bú.
Antes de dormir, Lú y Bú jugaban a menudo a adivinar cuáles eran sus nombres verdaderos, e intentaban imaginar a sus padres.
– ¡Lucrecia y Bartholomew!– se reía ella. Teníamos unos padres que vivían en una casa más grande que los palacios. Pero eran tan tacaños que no querían compartir ni la comida ni su tiempo con nosotros. Así que nos abandonaron.
– ¡Sí, pues mejor! ¿Te imaginas vivir así? A todo tendríamos que decir, “sí, señora, sí señor”...
– ¡Y movernos despacito para no romper nada!
– ¡Que yo me llame Bartholomew… buah!
– ¡No podría soportarlo, estamos mucho mejor aquí, en el orfanato!
– ¡Escucha, ya lo tengo! Mi nombre es Batman Junior, el hijo de un superhéroe. O mejor aún- Bart, ¡como Bart Simpson, de los Simpsons! Eso me pega más.
– ¡Con lo trasto que eres! Y yo seré Lisa. Como Lisa Simpson… O incluso podría ser que la B fuera mi inicial, y la L la tuya. A lo mejor yo soy la Batwoman, o Brave, como la de la película.
– Entonces yo seré Loki. Había un dios que se llamaba así. O Luigi, como el hermano de Mario.
– Dirás el hermano de Batwoman. ¡Qué Loki eres!
Se escuchaban sus carcajadas y suspiros, y de tanto en tanto, rugían sus estómagos vacíos. Las dos criaturas miraban las estrellas a través de los barrotes de la ventana, cogidos de la mano, y sentían que podían tocarlas.
En sus 10 años de vida, Lú había sido adoptada tres veces y Bú, dos. Pero nunca juntos, y eso que la directora explicaba a las familias que eran hermanos mellizos y que sería mucho mejor para ellos que les acogieran a ambos.
Así que, Lú y Bú hacían de las suyas para que las familias se hartaran de ellos y los devolvieran.
– ¡Cueste lo que cueste- tú y yo!
– ¡Inseparables!
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