Lorette, tan distinguida, delicada, alocada. Ay, ¡Lorette! Sus pequeños pies bailones danzaban en los tugurios más malolientes de París. ¡Esos locos años veinte! Si alguien se enterara... ¿Qué pasaría si algún día se descubría toda la verdad? Guardó el arma en su pequeño saquito de terciopelo verde al son de aquel piano cómplice de ocultar el crepitar de los disparos, y se marchó mientras sonaban de fondo saxofones a ritmo de jazz.
Bárbara Des Bois
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