Gail detuvo el vehículo en el arcén de la autopista magnética, bajo la luz de las estrellas que tintineaban en el falso cielo nocturno de la cúpula protectora. Bajó del automóvil y cruzó al otro lado del quitamiedos holográfico.
La autopista circunvalaba la ciudad decenas de metros por encima de ésta, permitiendo contemplar sus hermosas vistas desde las alturas. Desde allí, Gail se deleitó con el bello paisaje nocturno de Babilonia.
El muchacho alzó la mirada hacia el firmamento de la cúpula. Cuántas estrellas. Se preguntó si, en el mundo exterior, el cielo estrellado era realmente tan hermoso. Deseó poder contemplarlo él mismo algún día, aunque sabía imposible que aquel momento llegase. La superficie era inhabitable desde el Desastre. Además, afuera, las estrellas no se veían de noche.
Gail soñaba con ver las estrellas del exterior algún día.
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