Cito era de color rojo, era un lápiz, con cuerpo de madera. Tenía una punta fina, muy delgada, parecía que podría romperse en cualquier momento sólo con mirarla. Era de un rojo brillante, llamativo, nada que ver con esos otros lápices apagados y monótonos hechos de plástico. Él estaba hecho con buena madera de Cedro de incienso y olía a escuela, a escuela de verano, en la que las horas y los días se dedican a jugar y a divertirse.
Cito vivía dentro de una caja de metal con otros muchos lápices,
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