Foto por Ingrid Taylar
No sé yo lo que escribiría si merendase alucinógenos..." Uno mismo.
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Para entonces Europa se había convertido, ante todo, en una alambrada impenetrable, en una concertina amable que protegía a sus habitantes de la podredumbre y el hedor que se respiraban del otro lado de la frontera. En el interior de cada hombre y mujer, nación o aldea, se habían levantado también otras barreras, de desconfianza; la púa y el alambre eran dos de los argumentos más habituales.
Sólo c
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