En compromiso peligraba convertirse lo que un día fue nuestro.
No somos dueños de nadie… Más sin embargo, fui tuya siempre, aun desde antes de conocernos.
Con pasos de tortuga sin fé, va taciturno y confundido, esperando más la noche que el alivio, mientras inquieto hasta el talón y en la punta del delirio, permuta sueños ajenos
carta a un amigo. ¿Acaso en mi locura viste un reto incierto o una excitante promesa de aventura? Me juraste una vez que llegaríamos a ser viejos, pero nunca ancianos…
¿Será muy pronto para escribir sobre ti? Postrado en la vereda de mis sueños, invitándome a pecar por la carne, la lascivia, el deseo de besarnos hasta olvidar nuestros nombres