Después de un eclipse sonrisa de luna, renaciendo ésta vez de un corazón capullo... la consciencia de oruga no se percata aún de las trémulas alas recién adquiridas, ¿Sabe la oruga que dejó de serlo?
Se hizo crisálida a partir de sí misma, un capullo uterino para auto gestarse, extenuada se entregó a la dolorosa metamorfosis ¿sabía entonces lo que vendría a continuación?
No. La oruga no tiene más remedio que entregarse a cada fase del proceso, confiando, intuyendo con cada fibra de su ser que es como debe ser. Llegada una nueva etapa sabrá si supo hacer bien o no, aquello que se supone que es para lo que nació; anticipadamente sólo espera, misterio, un campo mórfico con la sabiduría de su estirpe al que atenerse y una brújula por corazón.
¿Sabe la oruga que renace mariposa en lo que se ha convertido?
No. Un tiempo sin tiempo es necesario dar tumbos, reconocer un nuevo yo, desplegar sus alas, mirar de vez en cuando atrás con miedo a mostrar sus nuevos colores por atreverse a ser mariposa; descubrir que puede volar y asimilar que sólo podrá hacerlo con quienes como ella tienen alas, no puede volver a ser lo que fue pero sigue siendo ella misma.
Un instante en que se es aún oruga pero también alada, un paréntesis de infinito que antecede a libar dorado néctar y asumirse mariposa.
Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0