Y con un no en la frente.
Cuando hembra y macho, no se avienen
su pronostico, el silencio.
Miradas, que de amor no entienden,
ni de pasiones, ni de aprecio.
Alicaído queda el pecho,
encarcelado, por hondo eco,
complicado laberinto,
sin besos, sin latirse,
¡amores sin derecho!.
Y en esa riada
azotados por la corriente
con la vena estrangulada
y con un no en la frente,
forcejean por las aguas
en busca de un afluente,
y en la cúspide del olvido
fangosos los recuerdos,
el amor ha encogido.
Sin poder engendrarse,
en la ballesta de Cupido,
sin idilio para amarse,
sin alboreo enloquecido.
Carmen Silza
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