Tenía una vida ordinaria como las demás personas. No me sentía inferior o superior que los demás. No blanco no negro. No peras, no manzanas. No nada.
En una fiesta conocí a unos chicos con miradas hermosas, y créanme que no me enamoro de cualquier mirada. Sus miradas eran especiales.
Al principio creí un error haber conocido a esos cuatro idiotas, pero me fuí acostumbrando, estos chicos formaron gran parte de mi vida. Ahora, me siento feliz y creo que nunca cambiaría el hecho de conocerlos.
All rights reserved