En las llanuras del Camagüey florecieron numerosas poblaciones con el “boom” económico del “oro blanco”, esto es, la siembra, cultivo y recolección de la caña de azúcar para su posterior molida en los ingenios azucareros. Para ese fin se demolieron (quemaron) extensas superficies de terrenos boscosos, destruyéndose la flora y la fauna de aquellos paraísos naturales milenarios.
Con el descenso vertiginoso del precio del azúcar de caña en los mercados mundiales durante el siglo XX, estos núcleos poblacionales se fueron contrayendo y sus otrora, a veces fastuosas construcciones, convirtiendo en fantasmagóricas ruinas, testigos de una época que no volverá a repetirse.
Sus cada vez más escasos habitantes, envueltos en la nostalgia y el olvido, no se conforman con abandonar sus sueños y rememorar lo que un día fue, lo que ya no es.
Esta es la historia de la decadencia de un pueblo imaginario con un maestro, el último maestro, como testigo excepcional de los acontecimientos de la época de su agonizante final.
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