El desarrollo exponencial de nuestra civilización a lo largo del siglo XX se debió en buena medida a los petróleos convencionales, pero estos se encuentran en decadencia, según los informes de organismos como la Agencia Internacional de la Energía.
Esta obra revisa la importancia de este recurso y su progresivo declive en este siglo XXI. Describe, entre otras cosas, la industria petrolera, el papel del petróleo en conflictos bélicos que cambiaron el mundo, y su relación con el cambio climático. La falta de sustitutos claros, advertida por cada vez más analistas, se ilustra con el sector del transporte: todas las alternativas planteadas (biocombustibles, baterías eléctricas, hidrógeno…) se ven con un optimismo que ignora limitaciones energéticas y materiales básicas.
Según la Agencia Internacional de la Energía, el pico máximo de producción de petróleo convencional ocurrió en el año 2006. Actualmente se intenta satisfacer la demanda con los petróleos no convencionales, que ofrecen prestaciones muy inferiores. Es dudoso, por ejemplo, que puedan mantener a largo plazo la agricultura intensiva de la actualidad (necesaria para alimentar a un mundo superpoblado) y la flota de más de mil millones de vehículos sin la cual las ciudades, donde vive la mayor parte de la humanidad, se quedarían sin suministros. Por consiguiente, nuestro actual modelo de civilización es insostenible sin combustibles fósiles energéticos, baratos y abundantes, lo que abre un escenario lleno de incertidumbre para las próximas décadas.
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