Margot y Vita mantienen una conversación cotidiana e incómoda que viaja por los sentimientos más oscuros que una madre y una hija podrían sentir de manera recíproca.
La historia toma como punto de partida un día cualquiera a la hora de la cena y, tal como comienzan la mayoría de las peleas familiares, al principio, la conversación parece calmada y vacía, pero, poco a poco, se va llenando de reproches y sentimientos fallidos. Vita (26 años) se muestra como una mujer reservada y discreta. Se siente terriblemente destruida por algo que vivió de pequeña, lo que provoca que se haya convertido en una chica digna y algo altiva. Por otro lado, Margot (60 años), siente no conocer del todo a su hija, no sabe quién es, pero está segura de que le oculta algo con lo que carga desde hace mucho tiempo y que todavía no se ha atrevido a confesar, pero esta podría ser la noche. Ambas tratarán de romper los muros que las distancian para liberarse de la culpa que sienten por no haber sabido hacer las cosas mejor, pero hay algo que las ancla profundamente a los sentimientos que albergan: la pena hereditaria propia de las mujeres.
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