La historia:
Gunter Schneider, un joven pianista bávaro, se animó en 1878 a emprender un espontaneo viaje aventurero hacia el Perú, como representante de ventas de una agencia comercial inglesa para ofrecer durante un año, sus catálogos a los ricos hacendados del norte de aquel país. Durante su estadía en la ciudad andina de Cajamarca, Gunter hizo amistad con el coronel Iglesias, un influyente hacendado, el cual estaba vinculado al partido de oposición política del gobierno y al ejército peruano. En esas alturas provinciales, Gunter empezó a experimentar y entender los códigos clasistas y elitistas de la región, heredados de la colonia española, asimismo, por medio de su gran talento musical, se llegó a codear con la aristocracia limeña, mezclándose así con la sociedad masónica, a la cual él mismo pertenecía. Gunter había logrado ocultar sus sentimientos hacia Victoria, la hija del coronel, a la cual ya había conocido en el viaje de Europa hacia América. Inesperadamente, en 1879 estalló la guerra del Salitre, enfrentando a Chile contra Bolivia y Perú. Por su lejanía, Cajamarca fue al principio solo una espectadora del conflicto. Las tropas chilenas marcharon victoriosas, las cuales después de vencer a Bolivia se dirigieron hacia Lima para lograr la capitulación peruana. Durante la marcha hacia Lima, nacieron héroes épicos en las batallas y combates realizados. En la batalla de Lima, el coronel Iglesias con sus paisanos cajamarquinos tomaron protagonismo. Gunter también, se vio envuelto en aquella batalla, participando activamente en ella. A pesar de todo el esfuerzo emprendido, Lima cayó trágicamente, así como Joaquín, un hacendado cajamarquino quien había armado su propio batallón. En esa batalla murió el hijo primogénito del coronel Iglesias, y él mismo, fue tomado prisionero y luego dejado en libertad con la condición de refugiarse en su hacienda andina y abandonar la política y la milicia. Desde Lima, Chile sometió al Perú bajo su yugo exigiendo la capitulación con cesión territorial. El coronel peruano Cáceres dirigía una exitosa resistencia en los Andes centrales. Mientras tanto, el platónico afecto que Gunter tenía por Victoria fue opacado por un infeliz noviazgo involuntario entre ella y un ambicioso hacendado vecino. Al ver que el Perú no se rendía, las tropas chilenas aumentaron la presión cometiendo excesos en las provincias norteñas del Perú. Iglesias, quien desde su hacienda cajamarquina vivía inmerso en una depresión tras la muerte de su hijo, fue convencido por Gunter para defender su provincia norteña del flagelo invasor. Iglesias despertando de su letargo, entró en acción ayudando a su hermano a vencer en su propia provincia al invasor, pero el júbilo fue pasajero pues las represalias invasoras fueron desastrosas. Presenciando el agónico sufrimiento de su pueblo tras la absoluta derrota, Iglesias optó por terminar con la tragedia bogando por la cesión territorial, acto el cual, dividió al país, pues el norte lo apoyó haciéndolo su líder, mientras que el sur apoyaba a Cáceres. Los chilenos no confiaban en Iglesias, pero Gunter logró convencer a los invasores sobre la honestidad de las intenciones que Iglesias predicaba para conseguir la paz. En las logias se diseñó el tratado de paz, e Iglesias sería el encargado de hacerlo respetar en todo el país. Firmada la paz, los chilenos desocuparon Lima mientras Iglesias ingresaba al palacio de gobierno como nuevo presidente del Perú, siendo reconocido y avalado por Chile. Cáceres por su lado, no reconoció la paz con cesión territorial y dejó de resistir bélicamente contra las tropas chilenas, para declararle la lucha a Iglesias, iniciándose así la guerra civil. Cáceres salió vencedor mientras Gunter ayudaba a Iglesias a no caer capturado, llegando Iglesias a exiliarse en España. En Cajamarca, los enemigos de los Iglesias se convirtieron en un verdadero peligro para su hija Victoria y también para Gunter. El bávaro trató de persuadir a Victoria para huir de Cajamarca juntos. Gunter investigó la posibilidad de trabajar una mina jesuita en la provincia del Cuzco, la cual había sido abandonada tras la expulsión de esa orden religiosa durante la colonia. El novio de Victoria descubrió una carta romántica remitida por Gunter la cual iba dirigida a Victoria, iniciándose de esa manera una enérgica persecución para cazar al germano. Victoria y Gunter fugaron siendo perseguidos, logrando ocultarse en la tupida selva. Poco después, en su propia hacienda, el novio de Victoria fue asesinado por una joven sirvienta, la cual había pasado su juventud soportando violaciones y abortos por parte de su detestado amo. Finalmente, Victoria y Gunter llegaron a asentarse en la prometedora mina jesuita, muy lejos del tumulto cajamarquino, para poder emprender una nueva vida en pareja, que les permitió poder vivir en paz y amarse para siempre.
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