Paseaba por el parque de Salburua cuando: ¡Aaach…aaatchú!
Me encojo. Tiemblo. Ya está aquí. ¿Dónde me meto?
¡Sálvese quien pueda!
Que se vista de sombras el día, que oculte esta radiante apariencia con la que se disfraza la peligrosa Primavera.
Aparece luciendo carisma como una diosa. El cielo cobarde le regala su manto azul en vez de lanzarle una batería de rayos y truenos. El parque servil le extiende su alfombra florida sobre la que se contonea una pareja de cigüeñas de alto tacón y juguet
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