De forma involuntaria, por culpa de los recuerdos que provoca una canción, una mujer se acuerda de la niña que fue y del momento en el que fue abandonada porque su padre emigró en busca de una vida mejor y nunca regresó.
Nos ponemos a imaginar y recreamos la realidad, la deformamos, para que se adapte a nuestros sueños. Cuando la realidad se impone a lo imaginado la desilusión es inminente y... culpa nuestra.
Volver a casa, cuando se ha salido huyendo de ella, siempre es difícil. Hay veces que tan sólo lo hacemos de forma simbólica para cerrar la puerta a los recuerdos bajo siete llaves.
Los sueños nos muestras lo que aparentemente tenemos superado. Son esos resquicios inconscientes por dónde se escapan deseos incumplidos, vidas no vividas y sí deseadas, frustraciones y sueños.
Hay gente que no sabe romper los círculos viciosos. Una y otra vez se autoengaña diciendo que esta vez será diferente pero vuelve a hacer lo mismo pensando que ha cambiado.
Los padres y madres envejecen y se convierten en problemas para nuestras vidas. ¿Quién está dispuesto a renunciar a su vida cotidiana para incluir el cuidado de un padre distante?