―¿Qué haces? ―pregunto Lucas, recostándose en la pared abollada.
Su hermana lo miró con indiferencia.
―Busco la salida ―dijo secamente.
Un frío recorrió todo su cuerpo hasta el punto de dejarlo inmóvil.
―!No! ―respondió de un grito que retumbo la estancia en la que se encontraban.
Una sonrisa socarrona se dibujó en las finas líneas de sus labios.
―!No? ―inquirió Leisy en un tono parecido, posó una mirada firme en su hermano.
Aquel. Un hombre joven de apariencia delgada y mirada asustada por aquellas palabras, no demostraba nada de lo que solía ser. No tenía argumentos suficientes para impedir, nada. Su autoridad se había perdido hace mucho.
―¿Estas feliz aquí? ―preguntó ella, se puso de pie acercándose con pulcritud.― ¿Te gusta esto? ―paro en seco para estar de frente con su débil hermano.― ¿Eres feliz aquí? ¡Mira tú alrededor!
Efectivamente. El joven Recorrió con su mirada aquella estancia... Daba terror Un sitio frío con poca luz, estaban en cuarto que más se asemejaba a una sala con muebles viejos y corroídos por el tiempo y humedad, enchapes de madera en las paredes, piso y techo. Que más parecía una caja de madera... El olor a podrido era insoportable, pero apenas perceptible a su sentido olfativo, debido al largo tiempo que habían transcurrido en ese sitio. Miro cada detalle cada pedazo de la habitación. La conocía perfectamente no había detalle que no conociera.
―No ―asintió suavemente con la cabeza, y se obligó a separarse de la pared y continuo―. ¿Sabes lo que nos harán si nos ven fuera? ¿Lo que nos pasara si no nos encuentran...?
Un gélido terror congelo su lengua, dos finas lágrimas brotaron de sus ojos y recorrieron sus mejillas dibujando dos caminos que evidenciaban aquel sufrimiento de pesadilla...
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Escrito por Camilo Castillo.
Corregido por M. Castro
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