La esperanza es, dicen, lo último que duerme. Y razón nos les quito, que así ha sucedido, pues ni eso queda ya, cariño, tras perderme en esos ojos llenos de otoño y de olvido.
Quedaré resignado, ceñido en mis temblores, mientras llega el invierno a estas manos frías. Sin tu voz, sin tu verbo, tu néctar de mil flores, morirán destempladas, rugosas y vacías. Al perder la costumbre de armarme de tu risa, de enredarse mis dedos, rizados en tu pelo, o advertir tu mirada quitando mi camisa, s
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