Conforme cumplimos años y el tiempo pasa nos aferramos en nuestro fuero interno a la creencia de que todos los logros y méritos, especialmente en el campo profesional, nos pertenecen para toda la vida, pasan a formar parte de nuestro bagaje, de nuestra mochila profesional, creyendo que siempre serán nuestra insignia, nuestra carta de presentación y que nadie nos lo podrá arrebatar. Pero la vida, por su indefinición, su heterogeneidad si cabe, tiene otorgada la potestad de arrebatárnoslo todo
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