Debian ser cerca de las diez u once del dia pues las calles estaban relativamente solitarias, era comprensible ya que a esa hora la mayoría de la gente estaría trabajando o en la escuela o en su casas, a nadie le gustaba salir cuando llovia. A Lariza solia gustarle la lluvia, le recordaba una época feliz de su vida pero justo en ese momento la encontraba deprimente, como un signo de que su vida iba en picada.
Iba de regreso a casa, lo único que quería era meterse debajo de la sabanas y llorar,
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