Hay un asesino suelto por Argentina. Cuando su tutor muere por causas desconocidas, el detective privado Ícaro no tiene más opción que recurrir a las fuentes de información del mismo para descubrir lo sucedido. Lo que menos se esperaba era que su elemento más valioso, aquel del que nadie sabía, se tratara de un jovencito que atendía el teléfono a través de una línea para adivinos. Incrédulo, pero resignado, el detective intentará averiguar qué había llevado al viejo a recurrir a supercherías de las que nunca se había mostrado creyente antes. Las respuestas podrían ser mucho más complicadas de lo que podría imaginar.
All rights reserved