Paula y Raúl pasan los días en silencio, apenas se hablan, ya no ríen ni esperan nada de la vida, ellos y todas las habitaciones de su casa están en blanco y negro. Una noche, Raúl abre un cajón que empieza a colorearse, dentro hay decenas de fotos. En una aparece con su mujer cocinando y riendo. Al día siguiente, Paula lo encuentra intentando hacer la comida que tanto le gustaba, reacia al principio, acaba uniéndose a su marido, teniendo así el primer momento feliz en años, lo que hace que la cocina se vaya coloreando hasta tener su aspecto de siempre. A lo largo de los días, la pareja irá recreando todas las fotos donde eran felices, y las distintas habitaciones irán recuperando el color, pero ellos siguen en blanco y negro, porque queda una zona que no ha cambiado, la habitación de su hija. Mediante un recuerdo, verán como todas las fotos eran tomadas por ella, hasta el día que les hizo la última, cuando estaban los tres en su habitación. En ese recuerdo, Paula y Raúl salen de la habitación de su hija sin despedirse, porque no saben que será la última vez que la vean. Pero en el presente, habiendo entendido que tienen que dejarla ir, pero sin dejar de recordarla, Paula coge la cámara y echa una foto donde se supone que estaba su hija en ese último recuerdo, apareciendo en la actualidad en una foto sonriendo. Paula coloca la instantánea en su habitación y esta recupera el color antes de cerrarse la puerta.
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