Django, la “D” es muda, hasta que deja de serlo, Yango, el demonio negro
El esclavo negro, que supuestamente debería tener las tres marcas de sumisión en su cráneo, una vez desencadenado, no habrá quien pueda con él. ¿Sumisión? Sí, claro, pero no al amo blanco, sino al irrefrenable deseo por rescatar a su amada, o lo que es lo mismo, toda una epopeya en la que Don Yango, o Mister Yango, tarda menos en desencadenar su instinto asesino, que un chupito de whisky en desaparecer sobra la barra de un
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