Irina se encontraba en su habitación. Ya era de noche y su papá le había arropado con mucho mimo. Ella siempre pedía que le dejasen abierta la puerta y que le pusieran una pequeña luz en el cuarto. Todavía era muy pequeña y tenía miedo a la oscuridad. Un día, Irina le pidió a su papá que le leyera un cuento y este, encantado, aceptó. Le leyó el cuento de “El Rey León”.
- Papá, ¿me leerás otro cuento mañana?- dijo Irina, risueña. - Si cariño, mañana te voy a leer el de “La Sirenita” –le contestó
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