Gonzalo vive en Rosario, ocasionalmente con Emilia, en un intento de escapar de su inmensa familia por cosas que pasaron en su infancia y que no recuerda (ni quiere). Pero las cosas con ella van mal, Emilia está rota y está hundiéndolo. Por eso, su hermano lo persuade para que pase Pascuas en la casa de su abuela, para despejarse.
Gonzalo siente rechazo por esa casa y, de chico, la llamó «la casa del dolor». Sin embargo, la tristeza que siente por Emilia es más fuerte, y decide dejar de lado sus tonterías de chico y darle una nueva oportunidad a toda su familia.
Pero, ni bien la noche cae, cosas raras pasan.
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