Al tenerla en sus manos sintió que había soñado, casi siempre a plena luz del día, cada una de las notas que había transcrito en aquella vieja partitura encontrada en el cajón desvencijado de la cómoda.
Siempre había tenido la costumbre de ir anotando cada una de las sensaciones, de las emociones, los sentimientos, de las melodías que cada día le atrapaban, con la intención de poder revivirlos en el futuro y, sin embargo, ahora no recordaba haberlo hecho. Su vida siempre había sido una paradoja.
La música que había sido su pasión a lo largo de los años, le permitía ahora reescribir un pasado sin recuerdos, serenaba las horas, calmaba su espíritu. A veces, muy pocas, por un instante, borraba el blanco de su memoria.
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