Ante mí, el desierto. En la calmada noche, sólo se divisan las estrellas, y el ligero contorno del horizonte por algún lado. Me encuentro perdido y paralizado por el miedo. Apenas veo. Quizá mañana muera de sed. Debo coger algún camino para ponerme a salvo, pero tengo la sensación de que todo esfuerzo será en vano, que da igual el rumbo que coja, porque no llegaré a ninguna parte. Pienso... La soledad y el leve viento de la noche me sobrecogen. Prefiero quedarme sentado, encorvado, acurrucado co
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