El apartamento de Anna estaba totalmente desordenado. Lo único que parecía marginalmente comprensible (tras una generosa dosis de sustancias psicotrópicas) era la mesa de la muchacha. Los papeles apilados parecían seguir un orden razonablemente consistente, pero, bajo atenta inspección, el orden pasaba a ser un desorden. Bajo más atenta inspección, el desorden violaba las leyes … Seguir leyendo El sombrero, 2 →
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