Con trece años, era más madura que cualquiera de mis amigas. Tenía claro mi destino, solo me quedaba esperar a que este llegara. Mientras mis compañeras jugaban con muñecas, yo daba clases extras de geografía, economía, derecho y alemán. Me gustaba el futuro que otros habían planeado para mí y, aunque todo el mundo esperaba que renunciara a él, yo tenía claras mis convicciones y luchaba con mucha fuerza para ser la mejor versión posible de mí misma. Sin embargo, mi futuro llegó antes de lo esper
Creative Commons Attribution-NonCommercial 4.0