Para Loti ha llegado el momento de volver a casa. Después de varios años de ausencia, un compromiso ineludible la obliga a volver al lugar donde pasó sus primeros veranos. Su abuela, convaleciente, pide volver a verla. Loti, a pesar de su reparo inicial, finalmente accede a ir, consciente de que es su última oportunidad para despedirse de ella. No obstante, también sabe que volver supone hacer frente a lo que más teme: a sus propios recuerdos. En la noche de su llegada encuentra en la cocina, bajo el fregadero, la caja de cartón donde se guardaron las cintas con las que adornaron el jardín en el decimoctavo cumpleaños de Lucrecia. Es entonces cuando a Loti le llega la hora de enfrentarse a lo que ocurrió. Aquel cumpleaños fue el último instante de aparente calma antes de que los acontecimientos se precipitaran hacia el vacío y su memoria se deshiciera…
Loti se verá de nuevo alcanzada por todos los personajes que habitan en su pasado. Volverá a pensar en la extraña relación que unió a Lucrecia con su primo Santos, en la inquietante presencia de Padma, en la enfermedad de Bárbara, en la extraordinaria historia de desamor de sus abuelos, e intentará averiguar por qué, a pesar de todo lo que ha ocurrido, aún continua en vilo, pensando en Teo. Y él, ¿seguirá pensando en ella? ¿Habrá podido perdonarla? De momento Loti no tiene ninguna respuesta. Sin embargo, antes de morir, su abuela le devolverá los diarios del abuelo Lot, dedicados a ella. Con él, Loti intentará reconstruir lo ocurrido con la esperanza de encontrar el lugar al que pertenecen los fragmentos que recuerda. Quizás entonces Loti pueda, por fin, expurgar el pasado y dejar todo el dolor atrás.
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