Paradoja onírica.
Entristece la noche al desmayarse los elegantes murmullos, en tierna catarsis se mudan al mundo de los sueños el deseo de los cuerpos. Se repiten oníricas escenas adulteradas con pinceladas utópicas, creando del aire aromático, un elixir que embriaga la profundidad del sueño y pervirtiendo nuevamente la calma del inconsciente.
La penumbra ronda los contornos, saboreando misterios y el deseo detiene el tiempo, mientras las manos danzan por tibios tegumentos, estimulando profundas estocadas con miradas que terminan apareadas.
Se deslizan de entre los labios, relajantes notas musicales que buscan hacer guarida en las cavernas auditivas y en lo profundo del diapasón torácico, retumban tambores de guerra. Se abrazan besos alados, agotados se desvanecen los suspiros y sedientos beben la ambrosia los poros, provocando todo en su conjunto, la exhalación de un despertar, envuelto en los brazos de un esplendoroso clímax.
El albor evapora las oníricas escenas y al desvanecerse la noche, los parpados develan las ansiosas pupilas, transitando nuevamente los murmullos con elegantes pasos, mientras en mis pensamientos ronda una frase sutil, Son mi pluma y mi tinta para ti.
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