Cuando le contaron la leyenda ella era muy joven, demasiado tal vez. No era supersticiosa, nunca lo había sido, y nunca más lo sería, pero aquella historia le produjo un escalofrío.
La recibió bajo una luna llena, clara, pura y limpia: "Si una noche cuentas doce estrellas, y durante las once siguientes vas contando una menos por noche, en aquella que cuentas sólo una estrella, soñarás con el amor, puro y verdadero, de tu vida. Deben ser doce noches consecutivas, sin saltar ninguna. Si se pierde
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