¿Para qué seguir hablando? ¿Acaso no lo hemos dicho todo ya? ¿No hemos tenido suficientes conversaciones banales, insulsas, por compromiso, obligación o falsa cortesía? Ya no sé qué decir. Me quedé sin palabras y sin ganas. Me falta el aliento. Porque todo está hablado, porque no te quiero de oyente… porque puedo hablar del tiempo, de fútbol o de política… pero lo importante, lo que me duele, lo que me encoge el alma y me consume el oxígeno y la vida se me queda dentro… Mejor me callo y m
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