Iba en bus temprano a la universidad hace al menos dos años, cuando mirando por la ventanilla en un momento que un semáforo se puso en rojo le vi sentado en la acera con un cuaderno y un lápiz. Era un loco escritor. En ese momento pensé en cuántos buenos escritos se perdieron entre la miseria y el tiempo y continuarán perdiéndose para siempre.
En mi cuento mi poeta me cuenta la historia de su vida, una historia que para algunos puede resultar muy triste, pero para otros puede que no. Esto es pues simple, quien ama realmente el mundo literario puede encontrar rico follaje incluso en la arena.
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