Foto por Marc Mañé Ni el betún puede disimular el pavor en la cara del rey pintado. Acaban de atropellar, en sus propias narices, a su amante.
-¡Pero dónde está esa ambulancia! -oye gritar.
Baltasar, paralizado y perplejo, no se mueve de su trono. Sus pensamientos se confunden con el ulular de una ambulancia que, entre el alboroto de gente, ya se viene abriendo camino. Descienden de ella un par de sanitarios, a los que sólo les resta certificar la muerte del director de arte de la cabalgata de
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