El reloj me mira, su tic-tac me corta la piel,
cada paso pesa como un clavo en mi sien,
la ciudad murmura, pero no dice mi nombre,
soy un eco gastado, un extraño que se esconde.
He guardado el dolor en un frasco de cristal,
lo destapo esta noche, que se pudra lo demás,
no hay promesas rotas, solo cenizas al viento,
un trago amargo y el pulso lento.
Voy a por todas, que el cielo se quiebre esta vez,
la sombra me abraza, no hay nada que temer,
mi voz se desgasta en un grito que no ves,
es mi última noche, y ya no quiero volver.
Las luces tiemblan, parpadean como mi fe,
camino por bordes que nunca pisé,
el frío me habla, me dice que no hay hogar,
el frío me habla, me dice que no hay hogar,
que el alma se pierde, que no hay dónde llegar.
He quemado los días como leña en la hoguera,
las brasas me queman, pero ya no hay quien me espera,
esta noche me rindo, me entrego al final,
un paso más fuerte, mi propio funeral.
Voy a por todas, que el cielo se quiebre esta vez,
la sombra me abraza, no hay nada que temer,
mi voz se desgasta en un grito que no ves,
es mi última noche, y ya no quiero volver.
No hay redención en las grietas de mi piel,
solo un eco que sangra y se pierde en la hiel,
me lanzo al vacío, que me trague la tierra,
esta noche se cierra mi puerta.
Voy a por todas, que el cielo se quiebre esta vez,
Voy a por todas, que el cielo se quiebre esta vez,
la sombra me abraza, no hay nada que temer,
mi voz se desgasta en un grito que no ves,
es mi última noche, y ya no quiero volver.
Es mi última noche… y el silencio me calla,
un blues sin acordes, y una voz que estalla.
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