Cuando era pequeña y se aproximaba algún acontecimiento (navidad, la noche de reyes, una excursión del cole…) las noches anteriores al evento no pegaba ojo, o al menos me costaba una barbaridad conciliar el sueño. Se supone que estas cosas cambian con la edad, pero no es mi caso, sigo igual. Cuando algo me ilusiona o me preocupa, me pongo nerviosa y me cuesta dormir, porque en mi cabeza bullen demasiadas ideas, todas revueltas, y es imposible ponerlas en orden. El pasado viernes me decidí (¡¡¡po
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