Notaba las yemas de sus dedos recorriendo sus piernas, solo sentía ese pequeño contacto, no veía, no tocaba, solo sentía. Se detuvieron en sus caderas, haciendo círculos en ellas subieron hasta el ombligo, remontaron por sus costados hasta llegar a su cuello. Desaparecieron, y por un momento eterno no sintió nada. La espera la excitaba, quería más y cuando iba a pedirlo una gota cayó en sus labios, la lamió, era agua, el cubito de hielo siguió el mismo recorrido…
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