Foto por veteporlasombra
Inocentes déspotas nos condenan a la ausencia de paisajes. Si acaso, nos dejan entrever de vez en cuando los horizontes, desde la poca altura de sus miras. Su mamá duerme plácida, ajena al cielo sin nubes sobre los roquedos y los árboles solitarios, indiferente también a los viñedos sinfín que se suceden más allá del velado ventanal, y al legado de minúscula hostilidad que deja a la humanidad.
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