A l descolgar solo pude escuchar la risa de Damián, que desde el otro lado de la línea, disfrutaba al ver mi sorpresa al escuchar su voz, después de la broma que me acababa de gastar.
Había escenificado su suicidio. Todas las pruebas que había preparado hicieron pensar a todos, incluso a la policía, que había saltado desde el acantilado desapareciendo en el mar.
Siempre me gastaba bromas pesadas que me hacían sufrir. A mí no me parecían bromas, me hacía sentir que estaba loca y luego se mofaba
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