"El hombre de Telefunken", foto por Isidro Cea Arrastró el televisor hasta la baranda del balcón y lo precipitó al vacío, desde un primer piso, apenas dos metros con noventa centímetros de caída libre, más que suficientes. Fue, tal vez hasta la fecha, el único gesto heroico de su vida. Se acababa de dar cuenta, a media noche, de que aquel aparato le vigilaba, mientras consumía su vómito continuo de imágenes en movimiento. Y de paso, le tenía atrapado el intelecto desde hacía años. A él, todo un
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