La presencia de Dios en todo, nos recuerda que no hay límites en lo que podemos lograr con nuestra energía creadora. Para algunos, la frontera es solo una construcción mental, que podemos superar con la ayuda divina. En tanto que, para otros, la frontera está dada por sus propias limitaciones físicas, materiales, mentales o intelectuales. Si cultivamos una mente abierta y receptiva y estamos en la disposición de cuestionar nuestras propias creencias y a aceptar nuevas perspectivas y posibilidades, con la fe en Dios, podremos enfrentar nuestros miedos y limitaciones, y superarlos en nuestro camino hacia una vida plena y satisfactoria.
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