Has llegado cual viento de solano
alzando marejadas
sobre los cimientos de mi pasado,
acercando lluvias que, a destajo,
desnudan mis alarmas
e inundas mis miedos hasta ahogarlos.
Pero también has traído el olor
de agua blanquecina,
de sal, de arena y de campos de arroz,
sellando, con el regreso del sol,
la llegada imprevista
del verano a la vida de los dos.
Si me imagino un fin del mundo es
caótico y bello,
así como tú, como un amanecer
y su arrebol de infinito vaivén,
dibujando en el cielo
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