En nuestro país da vergüenza ser patriota. A quien le emociona, aunque sea ligeramente la bandera, el himno…o el toro de Osborne, será visto con recelo. Se asocia al pasado, a un partido político u otro, a lo arcaico y a veces hasta casposo. Parece que el patriotismo está secuestrado por los malos patriotas, los nacionalistas e idiotas redomados que no quieren dejar de serlo porque la bandera en sus ojos les impide ver más allá. A los demás, sólo nos queda reinventar el patriotismo y que no caiga en el fanatismo extremista. Creemos uno nuevo. Seamos los nuevos patriotas, los que quieren y protegen lo suyo: a su país, y sobre todo a los suyos: a sus compatriotas. Seamos también solidarios con lo ajeno y los ajenos porque del planeta entero también hay que ser patriota. De hecho, inventemos un neopatriotismo, que sea universal y abierto, respetuoso, tolerante… Demasiado idílico, ¿no? Probablemente, pero por algún sitio habrá que empezar, y soñar es gratis. Empecemos al menos por quitarnos prejuicios. Enterremos estereotipos, sacudámonos complejos y miremos sólo hacia el futuro.
Jorge Calvo de Mora
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