Mientras reposas la siesta,
con el ruido de su vuelo,
molesta mucho el mosquito
pero más chincha su pico,
si descuidado, te pica
ese taimado bichito.
Ya veo el revoleteo
del afanado monstruito,
bato mis manos al viento
y de encima me lo quito,
pero no tarda un minuto
en volver este cabrito.
En un lapsus de descuido
me picó ese maldito;
¡cómo duele, cómo duele!
la picadura del mosquito,
y tan solo se me calma
cuando me rasco un poquito.
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