Con el corazón latiendo vorazmente dentro de mi pecho y las sensaciones volátiles que siento hacia este príncipe, lloro amargamente, rompiéndome por completo. Sé que era difícil llegar hasta su corazón, pero una parte de mí, creyó lograr la reciprocidad anhelada.
—No puedes enamorarte de mí, Edith —declara, sosteniendo ambas manos en la cama—. Te prohíbo amarme.
—Lo siento, príncipe Warren —suelto en un susurro, mientras lágrimas resbalan por mis mejillas—. Lo estoy y no me arrepiento de nada.
La expresión que cubre su rostro, es una de sorpresa mezclada con tristeza. Fue imposible no hacerlo. Más cuando, fue el primer hombre en hacerme sentir mujer.
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0