Silvio, un migrante argentino casado con un española y padre de un niño de siete años, decide abrir un tanatorio en un pequeño pueblo de interior cuando pierde su empleo durante la crisis económica de 2008.
Desde un primer momento, el tanatorio suscita rechazo en la mayoría de vecinos del edificio en cuyo bajo se va a instalar el negocio de Silvio. Esta aversión se traduce en una serie de obstáculos e impedimentos con los que Silvio deberá lidiar: sábanas en los balcones pidiendo su marcha, inspecciones sorpresa de sanidad e incluso la destrucción de su vehículo particular.
Paralelamente, Silvio comienza una aventura con Claudia, una maestra de educación infantil quince años más joven que él. Claudia resulta ser el único apoyo que encuentra Silvio dentro del pueblo. Hasta la mujer de Silvio, Carmen, se posiciona desde el comienzo algo escéptica y reticente hacia el negocio que emprende su marido. Esta tesitura sitúa a Silvio entre dos aguas: su mujer y su apuesta personal por escapar de una situación económica complicada que no siempre le hará escoger la opción más simple. Además, la determinación que muestra Silvio en un principio se poco a poco mermada por las adversidades.
Junto a esta trama principal, se desarrollan una serie de historias secundarias protagonizadas por algunos de los vecinos del pueblo. Por un lado, están Lola y Laura, dos hermanas de edad avanzada que viven juntas en el primer piso del edificio, justo encima del tanatorio de Silvio, las dos se posicionan desde un comienzo fervientemente en contra de la apertura del tanatorio: mientras que Laura, la hermana menor, vuelca su preocupación hacia una supuesta invasión de moscas debido a la actividad del tanatorio, Lola cree que la presencia de muertos bajo su suelo importunará su descanso nocturno. Sin embargo, tras la muerte de Camila, antigua empleada de Lola en la mercería que tenía en el pueblo hace años, la hermana mayor cambia de opinión. Lola recibe una visita del fantasma de Lola que le hace enfrentarse con su pasado; termina por agradecer este encuentro de ultratumba y esto le conduce a replantearse su postura con respecto al tanatorio. Este cambio en la mentalidad de Lola no está exento de conflicto, ya que Laura le recriminará haberla dejado de lado y se reabren antiguas rencillas entre ambas.
A su vez, Camila deja a un hijo huérfano, Paco, de veintipocos años. Paco es un joven sin oficio ni beneficio, que con la prematura muerte de su madre se ve solo y poseedor de una serie de deudas que se unen a sus problemas con las relaciones sociales y su carácter lánguido. Paco, no obstante, cuenta con la amistad de Jesica, una chica de su edad que trata de animarlo y de suponer un apoyo en Paco. Pero la situación de Jesica tampoco es sencilla, sale con Joan, un joven controlador y violento que no le permite verse con Paco.
Joan es, a su vez, sobrino de Lidia y Pedro: un matrimonio de mediana edad con dos hijos que viven en el mismo edificio que Lola y Laura, o sea, donde se encuentra el tanatorio de Silvio. Pedro es más bien apocado, pero su mujer Lidia es la cabecilla de la guerra sucia contra Silvio. Suya es la idea de las sábanas en los balcones y sobre ella sobrevuelan las acusaciones del destrozo al coche de Silvio. Lidia procura al inicio contar con la ayuda de Joan para amedrentar a Silvio, pero Joan decide mantenerse al margen. Se cierra así el círculo de contactos que demuestra que en una población pequeña todos tienen algún tipo de contacto entre sí.
Tras la muerte de Camila, Silvio descubre a través de Claudia que los vecinos violan la ley de vivienda pública. Aunque en un primer momento, Silvio decide dejar esta información de lado, tras ver como destruyen su coche e instigado por su mujer Carmen, decide denunciar a los vecinos. Esto supone el giro que conduce al desenlace, la denuncia se materializa en una futura inspección que puede suponer tanto una importante sanción económica como una reforma de las viviendas que han realizado obras sin la autorización necesaria.
Sea como fuere, la denuncia no es bien recibida por parte de los vecinos. Sin embargo, otro acontecimiento hace olvidar parcialmente este hecho: el suicidio de Paco. Durante su velorio, mientras buena parte del vecindario se encuentra en el tanatorio. Lidia habla con el padre de la quiosquera que suele estar a la puerta del negocio de su hija, en la acera de enfrente del tanatorio. Lidia le da una pistola al anciano y lo engaña para que dispare a Silvio, acontecimiento que sucede poco después del funeral de Paco.
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