Y entonces, Akku, el dios del dolor, se alzó sobre los mortales como si fuera una montaña surgida de la nada y los miró, todopoderoso. Akku sonrió y alzó la voz a la vez que alzaba las manos al cielo. –¡Kuh , kuh, kuh! –gritó, mientras los aplastaba con sus inmensas manos–. ¡Kuh, kuh. Kuh! –siguió gritando, mientras reía.
Las historias necesitan drama para que enganchen al lector. No es ningún secreto. Siempre empatizaremos mejor con personajes que sangran, lloran, padecen. En cambio, aquell
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0