MEMPHIS, EGIPTO. COMIENZOS DEL AÑO DE LA LEONA.
Los nervios le erizaban la piel, el estruendo de los latidos del corazón le palpitaban en las orejas a la diosa. El día había llegado, el momento que se llevaba planeando desde antes del nacimiento de Sekhmet, el día en que la humanidad pagaría con sangre su falta de lealtad para sus Dioses.
El deshonrar a él gran Amón Ra.
-¿De verdad crees que esto cambie algo?- Dijo Ptah sin atreverse a mirarla.
Ptah admiraba a Sekhmet como guardiana, como diosa, como mujer. La había visto volver de la lucha más de una vez bañada en la sangre de sus enemigos, la había visto por las noches intentar lidiar con eso. Lidiar con las muertes, con su conciencia. Él había visto como la culpa la torturaba cuando cerraba los ojos aunque ella lo negara.
-Sera un nuevo comienzo para el mundo-. Contestó sin titubear Sekhmet.
-Te lo pregunte a ti.- Ptah la tomó por los hombros y la forzó a mirarlo. -Quiero que me digas lo que crees tú, no lo que ha dicho tu padre-.
La diosa cerró los ojos, ella intentaba no pensar. Si lo hacía se vería metida en una maraña de decisiones con las que no podría luchar, no podía solo comerlas y acabarlas como hacía con el enemigo en la batalla. -No lo sé, no lo sé Ptah. No me hagas pensarlo, por favor. Sabes que este es mi destino, es el único motivo por el que existo.
-Solo tú puedes escribir tu destino mi bella Met, diga lo que diga el resto los destinos no están labrados en piedra, se pueden cambiar infinitamente. Es cuestión de intentarlo.
-A veces eres tan ingenuo hubibi, tan ingenuo.
Sekhmet se lanzó a los brazos de Ptah, lo abrazo como solía hacerlo solo cuando los terrores nocturnos la tomaban al dormir.
-Vámonos de aquí, tu y yo. Ellos jamás nos tocaran un cabello, nunca se rebelarían contra Nun. ¡Estaremos a salvo!
Sekhmet escuchó esas palabras, pudo saborear la libertad en la lengua. Pobre Ptah, eso pensó.
Ella no podía escapar de algo que estaba codificado en su ADN, su parte animal le gritaba que comenzara ya, que no esperara más.
El golpe de poder cuando Sekhmet tomo la forma de la inmensa Leona hizo trastabillar a Ptah hasta caer sobre la arena.
-Cuídate Ptah, cuida a los Rakshas en mi ausencia.
Fue lo último que le proyecto a la mente Sekhmet a Ptah antes de que esta saliera corriendo a cumplir su misión, antes de que su parte humana empezara a entumecerse.
Creative Commons Attribution-NoDerivatives 4.0