Dafne, esa soy yo. Una chica de diecisiete años con menos filtros en la lengua de los que hay en Instagram.
En menos de una semana tuve que dejar mi tranquila, sosa y perfecta vida para mudarme a Los Ángeles. Una pasada… o eso es lo que estaréis pensando. Pues no, no lo era y no lo era porque mudarme allí significaba tener que vivir con mi odiosa madre —la que me parió—. Mujer a la que llevaba sin ver más de siete años, ya que con toda su pepa nos abandono a mi padre y a mí, o esa era la historia que me contó mi padre… ahí lo dejo.
Al llegar allí me encontré con un billete dorado, como el de Willy Wonka, una mansión, criados y una familia a la que detestaba, pijos, bordes, estirados, y con más pasta de la que podía imaginar. Pero no todo era malo, estaba Connor, mi buenorro hermanastro, por el que se me cayó la baba nada más verlo Ese chico rubio de melena surfera y de abdominales bien marcados... Junto a él comencé una serie de televisión y si a eso le sumabas lo buena que estaba yo y lo bueno que estaba él, pues surgió la chispa, más bien la llama. Pero no todo fue de color rosa chiclé, junto a el descubrí el pasado turbio de mis padres, y solo el tenia la habilidad de hacerme pasar de cero a cien de una manera que nadie había echo y eso no siempre era bueno y más cuando habían engaños, mentiras, celos y una familia por en medio. Me metí en la boca del lobo y este me mordió el culo.
Te dejo cotillear mi historia, te aseguro que no tiene desperdicio ninguno.
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