El cogollo del día
atraviesa la cerviz de mi doble
que soy yo mismo/a/e;
El cogollo
aderezado de levaduras ciegas
que toman a palos los fantasmas de los pájaros
de aquellos que se animan a volar
más allá de la muerte.
Tus pies atraviesan las miradas
de los niños dormidos
y llegan al mullido paisaje de las tres
donde un desesperado busca sus propias venas
para inocular fuego,
olvido
y el recuerdo de los panes
recién horneados
con el hambre de los pocos años
que continúa a lo
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